El Botox es el nombre comercial de la toxina botulínica. Esta toxina puede ser inyectada en un músculo específico, con el objeto de debilitarlo y anular temporalmente su función. Se viene utilizando con eficacia y seguridad desde hace más de 10 años para tratar diversos trastornos neurológicos y oftalmológicos y desde hace unos cuatro años en Cirugía Plástica.
Este tratamiento trata las arrugas que se forman con la expresión facial al gesticular, también llamadas arrugas dinámicas, como las que se forman al fruncir el entrecejo, alrededor de los ojos o «patas de gallo» y las arrugas de la frente. No mejora las arrugas en reposo, ni las debidas al envejecimiento y el daño cutáneo producido por el sol. Tampoco mejora la flacidez, ni el descolgamiento cutáneo.
El Botox actúa bloqueando impulsos que parten de las terminaciones nerviosas y que contactan con la musculatura facial, de tal manera que dicho músculo no se pueda contraer. Al no producirse dicha contracción, la piel que está por encima permanece lisa. Como la musculatura facial que no se ha tratado se contrae de un modo totalmente normal, la expresión facial no se ve afectada. Se inyecta en el tercio superior de la cara, corrigiendo aquellas arrugas de expresión presentes en la frente, glabela y patas de gallo. Actualmente sirve también para corregir algún pequeño defecto o asimetría en la frente, cejas caídas o asimétricas
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Utilizando unas agujas muy finas, se inyectan cantidades muy pequeñas, en zonas muy precisas de la cara. No se requiere anestesia local y puede reemprender de inmediato las tareas y actividades normales. Una vez inyectado el Botox puede retornar a su trabajo o a cualquier compromiso social de forma inmediata.
No debe acostarse ni inclinar la cabeza por un periodo de 4 horas tras la inyección. Durante este tiempo, la cabeza debe permanecer erguida, nunca horizontal. Puede gesticular y mover los músculos inyectados con Botox, pero no debe masajear la zona con las manos hasta el día siguiente. Tras la infiltración, sus efectos se perciben en 4 u 8 días, siendo la duración de los mismos de 4 a 6 meses. Pueden repetirse los tratamientos cuantas veces desee el paciente, si bien los estudios clínicos indican que el intervalo entre los tratamientos cada vez es mayor conforme pasa el tiempo, de tal forma que se requieren inyecciones con menos frecuencia.
La duración del efecto puede variar según el paciente y en personas de más de 65 años pueden ser menos efectivas que en pacientes más jóvenes. A las dosis que se utiliza el Botox para las arrugas, los efectos secundarios son mínimos. El más común es la aparición de una ligera contusión en el punto de inyección, que desaparece espontáneamente en pocos días y que puede taparse con maquillaje. No deben tomarse aspirinas o similares, (Frenadol, etc.), ni antinflamatorios durante al menos 10 días antes del tratamiento. En un pequeño porcentaje de pacientes (aproximadamente 3,5%) puede ocurrir una ligera ptosis (descenso del párpado) cuando se tratan las arrugas de la frente y el entrecejo. Si esto ocurriera, suele tardar 2-4 semanas en desaparecer.
