[cmsms_row data_width=»boxed» data_padding_left=»3″ data_padding_right=»3″ data_color=»default» data_bg_position=»top center» data_bg_repeat=»no-repeat» data_bg_attachment=»scroll» data_bg_size=»cover» data_bg_parallax_ratio=»0.5″ data_padding_top=»0″ data_padding_bottom=»50″][cmsms_column data_width=»1/1″][cmsms_text animation_delay=»0″]
Nuestro ejército personal, conocido comúnmente como sistema inmunológico, se prepara cada día para combatir a los agentes extraños, que anidan dentro y fuera de nuestro cuerpo. Sin que lo notemos, los potenciales invasores se multiplican por millares y atacan a nuestras defensas, provocando enfermedades de todo tipo, entre las cuales podemos encontrar desde un simple resfrío, hasta las patologías más complejas.
Conociendo tu Sistema Inmunológico
El sistema inmunológico está constituido por una serie de fortalezas ubicadas en sitios estratégicos desde las cuales se puede atacar a los enemigos. Las amígdalas, el apéndice, el bazo, la médula ósea, las placas de Peyer, el timo y los nódulos linfáticos son los cuarteles generales del sistema inmunológico. El sistema central de nuestro sistema inmunológico es el timo (ubicado a la altura del esternón). Desde allí se reconoce al cuerpo extraño, se imparten las órdenes estratégicas a las denominadas células T para avanzar, atacar y retroceder según las órdenes del timo, que decide también los tiempos que durará la lucha, hasta ganar la batalla. La guerra contra el agente patógeno ( un virus o una bacteria, por ejemplo), comienza cuando ataca a una célula del cuerpo, que envía una señal hacia los guardianes del sistema inmunológico (las células macrófagos locales), que destruyen al enemigo.
[/cmsms_text][/cmsms_column][/cmsms_row][cmsms_row data_padding_bottom=»50″ data_padding_top=»0″ data_bg_parallax_ratio=»0.5″ data_bg_size=»cover» data_bg_attachment=»scroll» data_bg_repeat=»no-repeat» data_bg_position=»top center» data_color=»default» data_padding_right=»3″ data_padding_left=»3″ data_width=»boxed»][cmsms_column data_width=»1/1″][cmsms_heading type=»h1″ font_size=»20″ font_weight=»bold» font_style=»normal» text_align=»left» color=»#e34232″ margin_top=»0″ margin_bottom=»20″ divider=»true» divider_type=»long» divider_height=»1″ divider_style=»solid» divider_color=»#e34232″ animation_delay=»0″]Recomendaciones para mejorar el sistema inmunológico[/cmsms_heading][cmsms_text animation_delay=»0″]
Lo más importante que debemos hacer con nuestro sistema inmunológico es prepararlo para combatir las enfermedades:
[/cmsms_text][cmsms_toggles mode=»toggle» animation=»slideInDown» animation_delay=»0″][cmsms_toggle title=»Alimentarse bien»]
Está comprobado que ciertos alimentos y nutrientes ayudan a fortalecer el sistema inmunológico, y a protegerlo de ciertas enfermedades.
No obstante, la solución no está en comer mucho, sino en hacerlo bien. Para fortalecer el sistema inmune es aconsejable consumir alimentación rica en vitaminas.
A: Leche, hígado, huevo, queso, manteca, melón, lechuga, apio y calabaza.
B6: Moluscos, yema de huevo, levadura, plátanos, legumbres, harina y pan integral.
E: Aceites vegetales, avellanas, nueces y germen de trigo.
C: Cítricos, coliflor, pera, tomates, frutillas, papas, espinaca, arvejas.
Sin embargo, no sólo se requiere alimentación rica en vitaminas. Cuidar aspectos como los minerales también ayuda a mejorar las defensas.
Por otra parte, cabe señalar que no es cierto que una dieta baja en calorías influya negativamente en el nivel de defensas orgánicas. Si la alimentación es balanceada con una buena dosis de nutrientes naturales, vitaminas y minerales, el cuerpo puede fortificarse internamente, sin necesidad de aumentar de peso.
[/cmsms_toggle][cmsms_toggle title=»Haga ejercicio moderado»]
Según lo indican investigaciones recientes, parece ser que la relación entre le ejercicio físico y el mejoramiento del sistema inmune no es directamente proporcional. Esto significa que hacer más ejercicios físicos no implica estar mejor preparado para enfrentar las enfermedades. No obstante, tampoco se puede decir que la inactividad absoluta sea beneficiosa para la reproducción inmunológica. Una dosis diaria de ejercicios aeróbicos (como correr, nadar, andar en bicicleta o simplemente caminar) aumenta la capacidad corporal de defensa ante cuerpos invasores. Por el contrario, una actividad física intensa (una sobre exigencia corporal, fruto de la competición profesional, por ejemplo), podría ser dañina para la salud.
En efecto, las probabilidades de contraer infecciones aumenta considerablemente en estos individuos a causa de la notable disminución de las células ACT (células asesinas congénitas). Además la sobre exigencia física puede ocasionar susceptibilidad a las enfermedades, debilitamientos y perjuicios a largo plazo sobre el sistema inmunológico.
[/cmsms_toggle][cmsms_toggle title=»Descanse apropiadamente»]
Hace pocos meses un grupo de investigadores confirmó la relación entre el debilitamiento del sistema inmunológico y la falta de descanso. Los especialistas sometieron a un grupo de individuos a una privación del sueño por tres días y analizaron los cambios que se fueron produciendo en el sistema inmune. Los resultados fueron esclarecedores, ya que se comprobó una disminución de los linfocitos A y T y una actividad intensa del aparato de defensa, similar al que se observa durante el ataque de un virus o una bacteria. La angustia y la depresión destruye las defensas.
Se estima que durante el sueño, el sistema inmunitario se reorganiza como un ejército después de una batalla . Las defensas se arman nuevamente, recobran vitalidad y se preparan para afrontar una nueva batalla en la eterna guerra contra los cuerpos extraños.
[/cmsms_toggle][cmsms_toggle title=»Ríase más»]
Algunos estudios confirman los efectos positivos de la risa en la lucha contra miles de patologías. La risa mejora sensiblemente el sistema inmunológico, y reduce el riesgo de adquirir ciertas enfermedades como los resfríos, gripes y hasta el estrés. Aumenta el ritmo cardíaco y la presión sanguínea; los músculos de todo el cuerpo se relajan. Luego, la presión sanguínea desciende por debajo de los niveles previos a la risa, y el cerebro libera endorfinas, los mismos reductores del estrés desencadenados por el ejercicio. Además, se elevan los niveles de inmunoglobulina A, un antivirósico presente en la saliva.
[/cmsms_toggle][cmsms_toggle title=»Evita algunos excesos»]
Abusar del alcohol, café, cigarrillo destruye su sistema de defensa. Los excesos de azúcar y harinas refinadas no son recomendables, sin embargo, el picante puede fortalecer el sistema al liberar endorfinas.
[/cmsms_toggle][/cmsms_toggles][cmsms_divider width=»long» height=»1″ style=»solid» position=»center» color=»#e34232″ margin_top=»50″ margin_bottom=»50″ animation_delay=»0″][cmsms_text animation_delay=»0″]
¿Necesitas una cita con un especialista?
[cmsms_button button_type=»regular» button_link=»mailto:atencionalcliente@clinicabaezamador.com» button_target=»blank» button_text_align=»center» button_font_weight=»normal» button_font_style=»normal» button_border_style=»solid» button_bg_color=»#e34232″ button_text_color=»#ffffff» animation_delay=»0″]¡CONTACTAR AHORA![/cmsms_button]
[/cmsms_text][cmsms_text animation_delay=»0″]Referencia: Universidad de los Andes[/cmsms_text][/cmsms_column][/cmsms_row]
