La principal función de la Vesícula es el almacenamiento de la bilis, elemento producido por el hígado que nace a partir del proceso de digestión. Dicha segregación de la bilis llega desde la ingesta de alimentos como la carne y los alimentos grasos. Teniendo como misión expulsar la bilis hacía el duodeno (intestino delgado), favoreciendo la labor intestinal del organismo y facilitando la absorción de dichos alimentos.
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[flip_box title_front=»¿Cuándo aparecen los problemas de la vesícula biliar?» title_back=»¿Cuándo aparecen los problemas de la vesícula biliar?» text_front=»» border_color=»» border_radius=»4px» border_size=»1px» background_color_front=»#e34232″ title_front_color=»#ffffff» text_front_color=»» background_color_back=»#e5e5e5″ title_back_color=»#353535″ text_back_color=»#353535″ icon=»» icon_color=»» circle=»no» circle_color=»» circle_border_color=»» icon_flip=»» icon_rotate=»» icon_spin=»no» image=»» image_width=»35″ image_height=»35″ animation_type=»fade» animation_direction=»down» animation_speed=»0.1″]Los problemas de Vesícula aparecen cuando se obstruye la expulsión y el trabajo de la bilis, elemento que provoca enfermedades de Vesícula Biliar. La generación de los problemas de Vesícula aparece en el organismo mediante cálculos en la vesícula, que generan inflamaciones. Y son tratados en principio mediante medicamentos, pero en las ocasiones más complicadas requieren de una intervención quirúrgica.[/flip_box]
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[title size=»1″ content_align=»left» style_type=»double solid» sep_color=»» class=»» id=»»]Síntomas[/title]
Los problemas de la Vesícula no tienen ningún síntoma en su primera fase, entendiendo que dicha fase puede durar bastante tiempo. Sin embargo, cuando el tamaño de los cálculos (piedras) es grande, se comienza a obstruir la labor de los intestinos causando un atasco intestinal, y es ahí cuando aparece el dolor.
Una vez se presenta el dolor, éste va en aumento y disminución produciendo una sensación similar al “cólico”. Dicho dolor está ubicado al lado derecho del abdomen y puede llegar a permanecer por varias horas, teniendo un pico de intensidad y bajando paulatinamente. En algunas ocasiones los síntomas pueden llegar a confundir los problemas de vesícula con malestares de indigestión, ya que es posible que se presenten nauseas, vómito, fiebre y escalofríos.
Dentro de los síntomas de los problemas de la Vesícula Biliar, puede encontrarse rechazo a los alimentos, así como indigestión, eructos y dilatación abdominal. Produciendo un dolor más fuerte cuando se ingieren alimentos grasos.
Otra enfermedad relacionada con la vesícula biliar es la presencia de pólipos en la vesícula. Éstos pueden crecer, producir molestias abdominales o incluso malignizar. Actualmente, gracias a los avances tecnológicos, y a la estrecha colaboración entre cirujanos y médicos de diferentes especialidades, es posible ofrecer tratamientos altamente efectivos y poco agresivos.
[title size=»1″ content_align=»left» style_type=»double solid» sep_color=»» class=»» id=»»]Preguntas Frecuentes[/title][accordian class=»» id=»»]
[toggle title=»¿Cuándo debo acudir al especialista? » open=»yes»]Ante cualquier dolor a nivel del hemiabdomen superior derecho, asociado a náuseas o vómitos o fiebre, es necesario descartar la presencia de piedras en la vesícula biliar. Muchas veces se asocian problemas de mala digestión y cólicos hepáticos de repetición.[/toggle]
[toggle title=»¿Qué puedo hacer para prevenir este tipo de enfermedades? » open=»no»]Algunos hábitos poco saludables también podrían ser la causa de la aparición de alguna de las enfermedades del colon y recto, de manera que seguir los siguientes consejos puede resultar muy beneficioso:
- No abusar del alcohol ni fumar.
- Mantener una actividad física de manera regular y adecuada a la edad.
En cuanto a la alimentación, seguir una dieta equilibrada constituye un importante factor preventivo. Es aconsejable controlar la obesidad y seguir las siguientes recomendaciones:
- Disminuir el consumo de grasas de manera que no superen el 20% del total de calorías de la dieta.
- Disminuir el consumo de carnes rojas.
- Aumentar el consumo de pescado.
- Incorporar a la dieta alimentos ricos en fibra.
- Aumentar la ingesta de frutas y verduras.
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